lunes, 29 de octubre de 2012

Boobshell.

Me hablas y solo percibo el susurro porque por una razón u otra quieres esconderte a ti mismo que por fin me estés hablando. Luego cierro los ojos, respiro y recuerdo cuando me dabas esos tres justos besos subiendo desde el final de mi cuello hasta justo antes de mi boca. Uno porque me querías, dos porque lo deseabas y tres por esconder tus emociones de odio, de forma que si lo refugiabas en amor era todo más llevadero.

Creo que todo explota en la cara y a mi me explotó en su momento ciertamente, pero mis heridas sanaron y solo quedan cicatrices mientras que lo tuyo parece un Big Bang que al explotar quedó con la materia del odio hacia mí por todo el dolor pasado. El polvo cósmico no era más que todo el amor sentido esparciéndose hacia cualquier lado sin dirección.

Si retrocedes, antes eramos ese cúmulo de cosas inestables ¿no es cierto? Te gustaba pero lo cierto es que tanto tu, como yo sabíamos que eso podía explotar y eso pasó.


viernes, 19 de octubre de 2012

La pluie.

Ni la lluvia consigue limpiar el estúpido olor a tu sonrisa. Tampoco limpia la fragancia de tu mirada.  Y es que mis sentidos siempre se han disparado ante ti y tus posibles recuerdos. Mis sensaciones directamente son como metralletas a punto de dispararte siempre pero que nunca llegan a hacerlo porque detectan el objetivo tan lejos que da error y se congela por el camino. Le da tiempo a pasar desde primavera a verano y de verano a otoño, y aquí sigo yo, en este otoño frío con lluvia como ya pudiste observar. El agua no limpia nada y las nubes no hacen más que recordarme aquello que un día se supo; hasta las nubes nos unían y en cierto modo nos unen y siempre nos unirán.


domingo, 7 de octubre de 2012

Palabras.

La sensación de sentirte acogido entre las letras de cada frase de esa persona, de sentirte abrazado por el sonido de sus equivocaciones al pronunciar palabras difíciles. Sonrojarte por los versos más infinitos que jamás hayas escuchado y vibrar con los sonidos de las palabras que le hacen hacer ruidos como si se fuese a reír. Así es como nos debemos sentir todos alguna vez en nuestra vida, aunque solo sea en la suma de todo lo que diga alguien en una hora, en serio, es mágico.


Me gustaba que fueses tantísimo, que llegases a ser hasta mis errores.

Me enseñaste a hacer daño sin querer. Aprendí que tu también podías, a que daba igual lo que pasase que tus meteduras de pata las prefería a las de cualquier otro ser humano porque las tuyas estarían perdonadas. A mirarte de forma distinta, desde cualquier lado del mundo y a que aunque la viese desde precisamente el otro lado del mundo seguiría estando a tu lado de una forma u otra. No debían gustarme tus malas formas pero a mi me hacían reír y quería que las repitieses una y otra vez porque sabía que era una de esas cosas que te hacían auténtico. Tus errores te hacían mío porque aunque suene mal o yo diría que peor, volvías una y otra vez a esa montaña rusa que nos unía, nos mantenía vivos. Creo que estamos aprendiendo a estar sin esa montaña rusa, pero para mí esta no es vida..y creo que tu entiendes eso mejor que nadie.